Las Cosas Mundanas

Una madre mete la mano en una canasta y cuenta cinco panes pequeños y luego agarra dos peces que sobraron de la cena de la noche anterior.  Los coloca en una pequeña lonchera/fiambrera, le da el almuerzo a su hijo y sonríe mientras la lonchera le da un golpe en la espalda cuando sus pequeños brazos rodean su cuello con un fuerte abrazo.  

“Gracias mamita”, le dice antes de tomar el camino que lo reunirá con sus amigos. Ella lo observa hasta que se pierde de vista, y luego revisa la lista de tareas a realizar ese día. Mientras limpia la cocina se pregunta cuantos almuerzos ha preparado en su vida. Demasiados para ser contados, pero han sido tantos que completa cada uno sin pensarlo demasiado. De hecho, así es como sucede con las muchas responsabilidades que tiene. Tan solo son parte de su rutina diaria ordinaria e insignificante. 

Algunas veces se pregunta si hay algún valor en lo que hace. ¿Hace su esfuerzo alguna diferencia? 

El día pasa como cada otro día. Mientras el sol se oculta en el horizonte, mira hacia la ventana y ve a su hijo corriendo camino a casa. Entra corriendo y sin aliento.

“Mami, ¡ni te imaginas lo que acaba de pasar! ¿Te acuerdas del almuerzo que me preparaste? El hombre que se llama Jesús estaba súper agradecido por el. Hasta le dio gracias a Dios por el. Después Jesús lo cortó en pedacitos y … ¡Adivina qué! Se lo dio a sus ayudantes y ellos alimentaron a toda la multitud ¡Eran miles de gentes! Todos comieron hasta quedar satisfechos, y quedaron doce canastas de sobras. ¡Todo con el poco almuerzo que tu preparaste!”

La madre asimila las palabras de su hijo. Jesús estaba agradecido por el escaso almuerzo que había hecho, y ¿Dio gracias a Dios por el? ¿Cinco panecitos y dos pescados pudieron ser un festín para miles de personas? ¿Cómo es esto posible? Toma el recipiente del almuerzo de su hijo, mira su interior vacío y sonríe.

Debe ser un milagro.

*********

Este milagro registrado en Juan 6:1-13 me ha fortalecido mi corazón estos últimos días. En estas palabras he aprendido que las cosas mundanas son importantes para Jesús. Las tareas insignificantes que llevamos a cabo son significativas para él y está agradecido por ellas.

Las cosas mundanas son importantes para Jesús.

En sus manos, lo ordinario se convierte en extraordinario.

Una tarea se convierte en una bendición.

El lugar común se hace sagrado.

“Hay un joven aquí con cinco panes de cebada y dos peces. ¿Pero de qué sirve eso con esta enorme multitud?” Entonces Jesús tomó los panes, dio gracias a Dios, y los distribuyó a la gente. Después, hizo lo mismo con los peces. Y todos comieron todo lo que quisieron. Juan 6:9, 11.

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